9.3.18

Mentira la verdad de Darío Sztajnszrajber: una mirada crítica a la filosofía como espectáculo

Se llama Darío y tiene un apellido que nunca he podido pronunciar. Se propone llevar la filosofía a “la calle” para que ésta “vuelva a recobrar su vocación originaria: la pregunta por el porqué irrumpiendo en una plaza, en una calle, en un río pero, sobre todo, con el otro”. Uno supone que la “vocación originaria” a la que se refiere es la Occidental y, en concreto, a la práctica adjudicada a Sócrates, quien de acuerdo con la tradición, en efecto, filosofaba en la plaza pública y frente al otro, con el otro, a partir del otro. No obstante, Darío no filosofa con el otro ni a partir del otro: avienta la “pregunta por el porqué” a unos y otros que no son su réplica ni su contradicción ni su contraparte ni sus dialogantes; antes bien, son su comparsa: escenografía acomodada para el mejor lucimiento del “filósofo estrella” Darío: protagonista de unos videos que cuentan miles de visitas en youtube y por los que se le ha considerado un divulgador de la filosofía aunque, para otros, se ha convertido en un vulgarizador de la filosofía. ¿Cuál es la diferencia? Me parece que radica en el hecho de que el vulgarizador de la filosofía, en su afán por comunicar a un público amplio sus investigaciones y/o meditaciones, corre el riesgo de tergiversar el discurso filosófico. Por supuesto, esto no sería problema si acaso el público escucha pudiese externar dudas, acotaciones, tal vez correcciones a la andanada divulgadora/vulgarizadora de Darío; pues recordemos que el diálogo construye toda vez que permite precisar, corregir, introducir matices; sin embargo, el formato de los videos de Darío no da lugar a la réplica: lo único que la producción le concede al público es la posibilidad de filmar sus expresiones extasiadas, arrobadas, admiradas, (in)crédulas. Por lo anterior, el proyecto de Darío de llevar “la filosofía a la calle”, aunque generoso y digno de reconocimiento, naufraga, pues se convierte en un espectáculo más, en donde el generador del discurso es figura colocada en el centro de un set, rutilante bajo los reflectores, pero alejado del cuestionamiento y la crítica: origen y razón de ser de la filosofía.

Desahogado lo anterior, quiero decir que una mirada al video sobre Karl Marx y el Manifiesto del Partido Comunista me provocó dudas sobre la lectura que hace Darío de la frase “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”, de la cual Darío resalta la palabra “fantasma”, que entiende como “algo invisible” e identifica ese “algo invisible” con “la clase proletaria como sujeto revolucionario”, que “para el burgués, para el capitalista, no existe”, por lo que su “característica espectral tiene que ver precisamente con su invisibilidad”, por lo que “está bien llamarla fantasma como algo que no se ve”. Adicionalmente, “fantasma” refiere, según Darío, la “inclasificación” de la clase obrera, que “no encaja”, aunque de inmediato se corrige y dice que esa clase sí “encaja para el capitalismo”, aunque sólo “en la medida en que haga lo que tiene que hacer”. Por último, la palabra “fantasma” lo remite a una idea que “es la que más me interesa porque me parece que atraviesa todo el texto de Marx, es que el fantasma —seguramente a todos les parecerá lo mismo— aterra, da miedo”, dado que las ideas de “abolición de la propiedad privada, la abolición de las patrias, abolición de la religión”, provocan una sensación “de que quedo totalmente vacío” por lo que “es para repensar por qué genera esa sensación o cuánto tenemos nosotros en nuestras propiedades privadas o en nuestras creencias para pensar que si eso desaparece, desaparecemos nosotros”. Sin ánimo de parecer intolerante con las posibles lecturas de una de las frases más llevadas y traídas del Manifiesto, me interesa exponer mi sorpresa ante la interpretación de Darío, que vulgariza el texto antes que lo divulga. Veamos: (si antes de continuar leyendo quiere usted cotejar lo transcrito aquí, puede mirar: https://www.youtube.com/watch?v=CDqMqtNfDJk&t=3s )

Me parece extraño que el “piola” Darío vea en el “fantasma del comunismo” un “espectro inclasificable que da miedo”, cuando en el Manifiesto ese fantasma no es un espectro sino una “potencia”. Expliquemos: líneas más debajo de la frase citada por Darío, escribe Marx: “El comunismo es reconocido ya como una potencia por todas las potencias europeas” y, por lo mismo, “Todas las potencias de la vieja Europa se han aliado en una sagrada cacería contra ese fantasma”. Es decir: el “fantasma del comunismo”, a diferencia de lo que piensa Darío, no es “algo que no se ve”, sino una potencia revolucionaria que moviliza a la clase proletaria de toda Europa, por lo que las “potencias de la vieja Europa”, o sea: “el Papa, el Zar, Metternich y Guizot, radicales franceses y policías alemanes” actúan para “cazar” esa potencia. Por lo tanto, Darío lee mal y hace una impertinente declaración cuando afirma: “está bien llamarla fantasma como algo que no se ve”, pues el “fantasma del comunismo” es una “potencia” que se ve y, por lo mismo, se persigue como animal de caza. Tal vez surja aquí la pregunta: ¿y si se ve, por qué llamarlo “fantasma”? Me parece que Marx le llama así porque al comunismo, en efecto, se le ve, pero no tiene cuerpo. Precisamente, el Manifiesto del Partido Comunista tiene como finalidad dotar de cuerpo a ese fantasma, proporcionándole una lectura materialista-histórica de la realidad y un programa de acción, que Marx y Engels delinean de esta manera: “El objetivo inmediato de los comunistas es el mismo que el de todos los demás partidos proletarios: construcción del proletariado como clase, derrocamiento del dominio de la burguesía, conquista del poder político por parte del proletariado”.   

Por otro lado, dice Darío que el espectro, que es la clase proletaria, es “inclasificable”, pues “no encaja”. Empero, de inmediato se percata del yerro y corrige: la clase proletaria sí “encaja en el capitalismo” —y por lo tanto, contrario a lo que dice Darío en un primer momento, es “clasificable”— pero “sólo en la medida en que haga lo que tiene que hacer”. En efecto: dado que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases, tanto el burgués, dueño de los medios de producción, como el proletario, dueño de su fuerza de trabajo, cumplen con un papel determinado dentro de la sociedad capitalista; empero, el proletario tiene además la función histórica de convertirse en la vanguardia revolucionaria que haga estallar el orden burgués mediante la revolución, por lo que su papel dentro del capitalismo no es sólo proporcionar alienada fuerza de trabajo, sino que debe agilizar el “motor de la historia”, convirtiéndose en agente revolucionario. En palabras de Marx: “El proletariado, estrato inferior de la sociedad actual, no puede levantarse, no puede enderezarse, sin hacer saltar por los aires toda la superestructura de los estratos que conforman la sociedad actual […] Al esbozar las fases más generales de la evolución del proletariado hemos seguido el curso de la guerra civil más o menos velada que se desarrolla en el seno de la sociedad existente hasta el punto en que estalla una revolución abierta y el proletariado, derrocando por la violencia a la burguesía, implanta su dominio”.

Por último, Darío dice que la idea que más le interesa “pues atraviesa todo el texto de Marx”, es que “el fantasma aterra, da miedo”. Habría que preguntarle a Darío si acaso su posición está dentro del orden y los intereses de la burguesía, dado que sólo “Las clases dominantes pueden temblar ante la revolución comunista”. Es decir: a Marx le parece claro que el “fantasma del comunismo” sólo aterra a las “potencias de la vieja Europa” (recordemos: el Papa, la monarquía, los radicales, los reaccionarios), que precisamente por ese terror se movilizan para cazar al fantasma del comunismo; no obstante, la clase proletaria no ve o no debiera ver en el comunismo ningún elemento amenazante o terrorífico, antes bien, la revolución en contra de la burguesía tiene como finalidad devolverle la dignidad humana que el capitalismo le ha arrebatado al alienarla, enajenarla, cosificarla, explotarla. De ahí que al final del Manifiesto del Partido Comunista, Marx llame a los proletarios a convertirse en fuerza revolucionaria, pues frente a la revolución comunista “no tienen otra cosa que perder en ella que sus cadenas” y sí “Tienen un mundo que ganar”, por lo que se impone el grito: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”    

En conclusión, una frase tan llevada y traída como “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo” es mal comentada por Darío quien, en su afán divulgador, termina por vulgarizar el Manifiesto del Partido Comunista al tergiversar las ideas de Marx. No obstante, el “filosofo estrella” que es Darío, al final de su programa, se lleva las palmas del respetable, cumpliendo así con un show que mediatiza la filosofía, convirtiéndola en un espectáculo que apela a los miles de likes antes que a la conversación crítica.  




por Jaime Magdaleno

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