10.12.25

Cómo desaparecer completamente

 No una cláusula interrogativa, sino indicativa. 

Una vida tan jodida como la de Matías sólo puede recuperarse, no a partir de la duda, sino de la afirmación. 

Es perfectamente posible que uno comience leyendo el título de la novela de Mariana Enriquez, Cómo desaparecer completamente, como si lo que tuviéramos enfrente fuera una interrogante, aunque una vez concluida la lectura nos damos cuenta de que no, de que en realidad se trata de una afirmación acerca de cómo desaparecer completamente una vida para tener la posibilidad de vivir otra

Ahora que lo pienso, tal vez el asunto de la novela es precisamente ese: desvelar o encontrar la manera de desaparecer una vida, hallando gradualmente y con cada paso, tropiezo o encuentro, la forma de aparecer otra.

Si esto tuviera sentido, cada personaje con el que se encuentra Matías posibilita -o impide y se convierte así en nudo, aunque sólo para desatarse más adelante y hacer avanzar un poco a Matías- su trayecto de desaparición/aparición. 

Vista así, la novela podría ser una especie de Bildungsroman, en donde la narradora coloca toda suerte de calamidades que podrían hundir al más curtido y que en efecto joden, pero en serio, a Matías, quien puede permanecer relativamente a flote sólo gracias a algunas incondicionales como Lucía, inmigrante paraguaya que asiste a la familia de Matías cuando naufraga, recibiendo como pago comida y asilo; o Marcela, desenvuelta amiga de los tiempos de la secundaria, que lo pone en contacto con algunos freaks de la ciudad, o "Nada", joven y hermosa cantante punk que se convierte en un cálido pararrayos o, mejor aún, en un cariñoso salvavidas. Sin estas mujeres, el salvoconducto con el que deambula Matías por la vida sólo le alcanzaría para refundirse en un manicomio o en una mazmorra. 

Razones para terminar en un manicomio: Matías es un niño violado. Matías tiene una hermana monstruo, desfigurada por fallar un disparo con el cual quitarse la vida. Matías tiene una madre fanática que supura rencor hacia un padre incestuoso y traidor, que se ha revolcado con una hermana de religión mucho más gorda pero también más joven.

Razones para terminar en una mazmorra: Matías es un adolescente que vende cocaína. Matías se la ha hecho a algunos mafiosos que podrían quebrarlo y/o a algunos policías que podrían refundirlo sin problema. Matías camina por la cuerda floja y sin embargo comprende que su única oportunidad para escapar del infierno que es su casa y su barrio lo representa ese balón de coca que vende con poca confianza y ahínco a los escasos contactos que posee. Porque Matías es un chico tímido. 

A decir verdad, Matías navega con bandera de pendejo. Y de víctima. Es un niño-adolescente en quien todo el barrio ve la estampa de la tortura y del sufrimiento y a quien, por lo mismo, tratan con condescendencia y lástima, sin atreverse a tocarlo, a joderlo más de lo que ya lo ha jodido esa alucinada familia que le tocó, entre cuyas notables figuras encontramos a un padre violador, a una madre fanática, a un hermano gay fugitivo, a una hermana otrora hermosa y ahora desfigurada, a un cuñado dealer asesinado y a un sobrino bebé desatendido. Si el microcosmos de Matías da vértigo y provoca espanto, el cuadro termina por desconsolar al describir el cinturón de miseria en el que vive, las subocupaciones en las que se empeñan aquellos con los que sobrevive, los resquemores por los que se lastiman y las vendettas con las que se exterminan. Confundido en semejante paisaje, uno comprende que Matías sea un adolescente retraído con tartamudeos ocasionales o silencios cuasi permanentes que, para acabarla de chingar, no se puede coger a las chicas que lo seducen porque la verga no se le para dada su condición de infante violado. 

No obstante, y ante la perspectiva de que lo asesinen, Matías puede entregarse a la muerte (lo cual no estaría del todo mal pues al menos así terminarían sus desgracias) o bien puede ponerse al tiro para darle la vuelta a su perra situación. Frente a "Nada", totalmente inerme, Matías diserta: 


estuve pensando en lo que me dijiste la otra vez cuando charlamos, ¿te acordás?, que tenías miedo de morirte, y yo en ese momento no entendí mucho porque medio que quería morirme, la verdad, pero ahora sí tengo miedo porque me pueden matar, sabes, y no quiero, porque todavía no hice nada, y yo no soy tan de terror me parece, quiero decir soy de terror pero podría no ser así si me voy a otro lado, porque mi casa es muy terrible y mi barrio es horrible, no sabés qué horrible que es, si me quedo ahí nunca voy a poder hacer nada, no sé qué hacer todavía, pero seguro que en mi casa nunca se me va a ocurrir, ¿entendés?, y voy a terminar mal, bueno, ahora voy a terminar muerto, pero quiero decir, si no estuviera en este quilombo igual voy a terminar mal y a mí me parece que yo podría ser distinto, a veces dudo, pero me parece que podría, vos decías que a veces te levantabas y te ponías a escribir, a pintar, a hacer cosas, tenías que dejar algo antes de morirte, no podías desaparecer y ya, y yo quiero desaparecer, irme a otro lado, para poder dejar algo, no sé qué pero voy a pensar, voy a averiguar, yo sé que puedo ser distinto, no quiero morirme así, ahora que soy patético y todos se van a acordar de mí como alguien patético. Y vos también decías que no hay ninguna necesidad de sufrir, y que uno no tiene por qué quedarse en el mismo lugar todo el tiempo. Y mi hermano, sabés, se fue a la mierda, y él me dijo más o menos lo mismo y me dejó unos cuadernos con frases que yo no las entiendo mucho, pero esa mañana que estaba en tu casa leí una, decía que no había por qué mirar la pared, si se puede hacer otra cosa. Y es verdad, me parece. 


Para desaparecer de su barrio y de su familia y convertirse en alguien distinto, Matías urde contactos, cruza espacios y salta tiempos; es decir, deja de ser el "chico indeciso, abusado, tímido, quedado y traumado {...} Flojo y cagón como siempre, con cara de me-arruinaron-la-vida" para afirmarse en la acción, en un giro digno de un Hamlet bonaerense que emerge por puro instinto de conservación y sobrevivencia, cuando "el miedo lo obligó a pensar en forma práctica". 

En Cómo desaparecer completamente el miedo, el asco, la repulsión y el hartazgo son preludios de la transmutación. Porque los cambios no siempre son producto de la meditación razonada, sino urgidos por el deseo escapar de la cloaca en la que flotamos como trozos de mierda. 


Mariana Enriquez. Cómo desaparecer completamente. Barcelona, Anagrama, 2025.


por Jaime Magdaleno

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